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Narcís Prat, "tenemos la misma agua y somos 1,5 millones más"

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El catedrático de Ecología sostiene que el ahorro o la reutilización del agua quedan sobrepasados por el crecimiento urbanístico y la demanda agrícola.

Narcís PratNarcís Prat, catedrático de Ecología de la Universidad de Barcelona, sostiene que detrás de la sequía y la escasez de reservas en la región de Barcelona hay una demanda de agua galopante, muy por encima de los recursos disponibles en las cuencas catalanas.

¿Qué reflexión le sugiere la actual crisis?
Es una crisis que se veía venir; por una razón muy sencilla: la gestión del agua se sigue enfocando de forma sectorial. Todo el mundo piensa que si hace una urbanización tendrá agua; y que si pide un regadío, también tendrá agua. Las políticas en el territorio o en la agricultura no se coordinan a la hora de abordar el agua. Mientras se reclama un auxilio de agua desde el Segre para Barcelona, el conseller Joaquim Llena está aprobando nuevos regadíos. Esto no cuadra. Mientras no haya una política global sobre el agua, continuaremos expuestos a estas crisis.

¿No le parece correcta la política que se está haciendo?
La planificación y la economía en Catalunya impulsa un política de querer más agua, más energía, más de todo. Pero esta política requiere mucha agua, muchos recursos; y por tanto, requiere un trasvase, del Ródano o del Ebro. Cuando en el 2004, se renunció al trasvase del río Ebro, ¿alguien tenía alternativas sobre la mesa? No, nadie. Nadie había pensado lo que se debía hacer porque los últimos 30 años se habían depositado todas las expectativas en el trasvase del Ebro.

Surgió entonces la filosofía de una nueva cultura del agua.
Se dijo que la alternativa sería ser eficiente. Y en Barcelona, el consumo per cápita se ha reducido; se han hecho los deberes. Y la Administración ha trabajado activamente. Las tareas de ahorro, reutilización y recuperación de acuíferos han hecho estos cuatro años. Si no, ahora ya estaríamos con restricciones.

Entonces, ¿qué ha fallado?
Pues que a la vez que se hacía todo esto ha continuado un desarrollo urbanístico en la región de Barcelona. Y así se está dando de beber a cinco millones de personas con la misma agua que teníamos disponible en el año 1975, cuando sólo había tres millones y medio de habitantes. Es decir que durante 30 años, con los mismos recursos, se están dando recursos a un millón y medio más de personas.

¿Lo considera un fracaso de la nueva cultura del agua?
La nueva cultura del agua no es sólo la eficiencia de la gestión, sino pensar en la ordenación territorial. Lo primero que habría que hacer es ajustar los recursos disponibles a la gente que tienes.

Entonces, ¿se pueden hacer más cosas?, ¿tiene más recorrido la nueva cultura del agua?
Creo que hay muchas más cosas por hacer, como aprovechar las aguas pluviales. Tenemos unos grandes depósitos subterráneos de Barcelona para recoger el agua de la lluvia, pero luego la enviamos a la alcantarilla y a la depuradora. ¿No podríamos utilizar esta agua? Si todas la urbanizaciones que hay en Catalunya dispusieran de depósitos para la lluvia, también dispondríamos de mucha agua para el río.

¿Qué más posibilidades de aprovechamiento ve?
En reutilización, podemos actuar más. El agua de la depuradora del Besòs, en Sant Adrià, que ahora va al mar, se podría reutilizar en la industria o inyectarla en los acuíferos para tener nuevos recursos subterráneos. Pero todo este recorrido se agota si el área metropolitana continúa creciendo y si el agua no se tiene en cuenta en la planificación territorial.

La sequía ha conducido al Govern a pedir un trasvase de emergencia del Segre al Llobregat para evitar restricciones en otoño. ¿Qué le parece?
Plantear un trasvase de una cuenca a otra en un contexto de crisis me parece algo razonable. Pero la transferencia de agua debe cumplir tres requisitos. Uno es que no resulte afectado el caudal ambiental del río Segre. En segundo lugar, se debe velar por que los usuarios del agua en la cuenca que cede (en este caso, los agricultores que dejan de regar) reciban la compensación adecuada. Se trata de que los payeses no salgan perdiendo dinero por dejar de regar. Y la tercera es que la gente que reciba el agua en el área metropolitana sea consciente de que esto le cuesta un dinero. Y que, por lo tanto, en el recibo del agua, se aplique un recargo por el agua del Segre, para que la gente sea consciente.

¿Qué afectación supondría extraer los 32 hectómetros cúbicos de la cabecera del Segre, como pide el Govern?
Si se sacan 32 hm3 desde la cabecera, esto quiere decir que se deberían dejar de regar unas 5.000 hectáreas en la zona del canal de Urgell, lo que es menos del 10% de la zona. Esos 32 hm3 los ahorras no regando 5.000 hectáreas. Todo eso se debe compensar económicamente: aunque no está en el proyecto. Pero es la manera en que el trasvase es social y ambientalmente aceptable.

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